La terrible odisea de las Pizzas Purgantes
Yo estuve en una se esas noches, “¡oh, si!” lo recuerdo como si fuera ayer…
Recuerdo que estabámos muy hambrientos y con enorme regocijo vimos llegar unas suculentas pizzas, mismas que comimos con singular alegria. Cual sería la sorpresa que al poco tiempo de digerirlas, cual efecto de manzana encantada, pude observar que derrepente salió un compañero muy deprisa del cuarto, en seguida uno más y otro y más tardé en preguntarme el porque que en saber la terrible respuesta: en mi interior se desató una explosión, como si un volcar interno buscara por donde hacer erupción, y cual si no el mismo que he usdado toda mi vida, solo que en esta ocasión la necesidad era mas urgente.
Lo más escalofriante de mi experiencia sucedió al haberme ya levantado sigilosamente para no dar a notar mi urgencia, llegué a la puerta donde ya me imaginaba desahogando toda esa presión que llevaba dentro de mi cuerpo, una candida voz dijo “esta ocupado…”, tomé fuerzas de flaqueza, respiré, tomé asiento y espere; trataba de que fuera lo mas tanquilo posible y tomé una revista, más no pude aguantar demasiado, y por enésima vez pregunté “¿ya…?”, y la dulce voz contestaba “ya voy…”, sentí un remanzo de paz, cuando la puerta se abria y vi una silueta con anteojos saliendo, pero impulsivo entre la prisa de mi necesidad y la lentitud del pequeño jocotillo al salir me atreví a hacerlo a un lado, y justo a tiempo porque como si fuera un dique desbordado aquel torrente no aguantó más.
La velada fue buena y con más anecdotas, pero me cae que esas pizzas purgantes se llavaron la noche.
Clandestino